¡MUY URGENTE!

Hace muy poco tiempo una empresa encuestó en Estados Unidos a miles de musulmanes convertidos al cristianismo ya que en los países musulmanes está absoluta y legalmente prohibida la conversión. La pregunta clave era escueta: ¿Por qué te has convertido al cristianismo? La respuesta fue abrumadora: El cristianismo es la única religión en la que Dios Padre garantiza con su palabra la vida eterna feliz al que se convierte, acepta a Jesucristo, su Hijo y al Espíritu Santo, cree y vive el Evangelio. Una persona humana por la conversión sincera llega a la fe en la palabra y promesa de Dios y alcanza, como don gratuito, una absoluta esperanza de conseguir la vida eterna garantizada. Una respuesta clarísima y contundente.

La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo… Este es «el Espíritu Santo que Él derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador para que, justificados por su gracia, fuésemos constituidos herederos, en esperanza de vida eterna » (Tt 3, 6-7). (Catecismo de la Iglesia Católica, Nro. 1817).

Está establecido que los hombres mueran una sola vez, y después el juicio (Hb 9,27). Para el juicio no hay que hacer fila, el Juez se encuentra presente permanentemente por su omnipresencia para ejercer su potestad; ya no existe el tiempo ni la oportunidad para arrepentirse o excusarse pues la persona humana se halla inmersa en la dimensión eterna. La muerte biológica marca la línea roja que la separa del juicio personal. Todos tenemos una fecha desconocida de caducidad. Simultáneamente los familiares amortajan el cadáver y el Juez dicta sentencia inapelable con justicia objetiva y misericordia entrañable sobre el recién fallecido.

Jesús proclamaba: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed la Buena Noticia» (Mc 1.15). Él exige para entrar en el Reino de Dios la conversión (cambio radical de vida) y fe en el Evangelio (compromiso de vivir los principios propuestos por Jesús).

Jesús mantiene una entrevista con Nicodemo, magistrado judío, sobre cómo nacer de lo alto siendo viejo; Jesús le dijo el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios, el que no nazca de agua y Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios (Jn 3). Jesús interviene en el diálogo con una sentencia magistral: Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él (Jn 3, 17). La palabra mundo no se refiere al planeta Tierra, sino a todo lo que es ofensa a Dios, a nosotros que somos pecadores. Dios dio a su Hijo único para que adoptase la naturaleza humana y muriese crucificado por cada uno de nosotros pecadores porque nos tiene un amor inmenso; un padre humano nunca entregaría a su hijo a la muerte por salvar a un delincuente.

Todo el texto anterior tiene contenidos teológicos y evangélicos profundos y fundamentales de la fe y vida cristiana que te ayudarán a una reflexión seria y muy urgente antes de tomar una decisión personal sobre tu vida presente y futura. No podemos jugarnos la vida futura teniendo en cuenta el plan divino de salvación. Decídete con mucha sabiduría.

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