En bastantes edificios hay un martillo al lado del vidrio bien visible sobre la pared.
En el vidrio esta escrito el siguiente aviso: En caso de incendio, rompa el vidrio.
Detrás del vidrio se ve una manguera enrollada conectada a un distribuidor. En el otro extremo de la manguera hay un depósito de espuma química que impide la combustión.
Si se produce un incendio en el edificio, con el martillo hay que dar un golpe fuerte en el vidrio, desenrollar la manguera y aplicar la espuma sobre las llamas para extinguir el incendio.
En nuestra vida humana, por nuestra frágil condición, podemos pecar gravemente y es como ocasionarnos un incendio devastador de consecuencias trágicas si nos morimos sin haber obtenido previamente el perdón de Dios. El momento de la muerte no lo conocemos, puede ocurrir una muerte súbita e imprevista. Nos encontramos ante tres realidades insoslayables: el pecado grave, la muerte y la condenación eterna.
¡Qué hacer en este caso! Hay que romper el vidrio cuanto antes: arrepentirse de haber ofendido a Dios, hacer el acto de contrición perfecta y confesarse urgente.
No se puede ir por la vida guardando los pecados graves en la mochila creyendo ingenuamente que dios se ha olvidado o ignora las ocultas acciones, pensamientos e intenciones humanas descociendo que Dios puso la conciencia moral en el corazón del hombre, posee los atributos de ser creador del hombre y es omnipresente. El hombre está totalmente sumergido en el misterio de Dios y desbordando intelectualmente por los atributos divinos que no puede comprender por estar dotado de una mente muy limitada. Dios conoce y sabe todo de cada uno de nosotros.
Acto de contrición perfecta: Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí. Pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un dios tan bueno y tan grande como tú. Antes quisiera haber muerto que haberte ofendido. Propongo firmemente no pecar más, evitar todas las ocasiones próximas del pecado y recurrir tan pronto sea posible a la confesión sacramenta.
Hay una fórmula más breve: Señor, pequé, te amo.
