Albert Nobel (1833-1986), químico sueco, inventó la dinamita: una sustancia explosiva ; Jesús de Nazaret proclamó un anuncio explosivo: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios ha llegado, convertíos y creed en la Buena Noticia (Evangelio)”. El reino de Dios también ha llegado a los hombres y mujeres del s. XXI, es totalmente actual, no es anticuado.
El tiempo y la sociedad de hoy son muy similares al de Jesús: corrupción en las instituciones estatales, persecuacio politica, inseguridad ciudadana , falta de fuentes de trabajo seguro, narcotrafico, explotacion laboral, injusticias , terrorismo judicial, amnistia escandalosa, discriminacion (que lo digan lesbianas, gay, transexuales, travestidos , trabajadoras sexuales ,etc.), robo en herencias , racismo, tráfico de influencias y de personas, sobornos, falsos testimonios, pago de impuestos , infidelidad conyugal, sincretismo religioso, dependencias (drogas, alcohol, pornografia, etc.), imperialismo ideologico de grupos de poder , pobreza extrema enfermedades , discapacidades, violaciones, bandas organizadas, violación de derechos humanos, convivencia, secuestros, feminicidios, crimenes, abortos, suicidios, divorcios,etc. La iglesia no queda limpia. El que se crea sin pecado, que tire la primera piedra .
Jesús a pesar de todo lo negativo del ambiente de su época, tiene una rica visión del presente y del futuro que atrae y fascina a sus contemporáneos. No todo está perdido Jesus contagia esperanza proponiendo con ilusión el proyecto del Reino de Dios. No lo define ni lo explica. Por medio de comparaciones sencilla deja que los oyentes lo intuyan y lo descubran. Es una forma nueva de vivir la realidad, En nuestra sociedad actual hay mucha gente angustiada, abatida, afligida , hundida atribulada, privada de derechos humanos, torturada, marginada, explotada, sin esperanza, indefensa, extenuada, en la miseria y la pobreza, excluida, sufrida, etc. La maldad nace en el corazón del hombre. El Reino y el mal son incompatibles. Aunque el Reino ha llegado, tenemos que trabajarlo nosotros mediante el cambio personal, la conversión radical del corazón y, por tanto, de la conducta. Ora como si todo dependiera de Dios y actuar como si todo dependiera de nosotros. Dios no discrimina, hace llover igual para ricos y pobres.
Jesús desea que los pobres, los que sufren y los impíos de corazón descubran la presencia misteriosa del Reino, una increíble fuerza de salvación que viene de lo alto, sencilla, transformadora y liberadora. Que la perciban y la intuya los que la revisen con la fe en Jesús, sin prejuicios. Ver lo que los demás no ven. El Padre quiere, pues es entrañablemente compasivo, que los hombres vivan con alegría su gran dignidad y se elimine todo lo que esclaviza, explota y despersonaliza; quiere que desaparezca todo lo que causa sufrimiento y dolor en el hombre. Dios se interesa del hombre. El Dios de la paciencia y del consuelo es Padre lleno de ternura y bondad y no quiere sufrimiento de los hombres, pues son hijos creados a su imagen y semejanza. Nos hace hombres nuevos para su Reino que es un tesoro escondido.
Dios quiere que la sociedad más acogedora y justa, que haya perdón y reconciliación, que cesen las ambiciones egoístas y haya una verdadera liberación. No es cuestión de soportar el mal y el sufrimiento, sino vivir con esperanza y alegría la fascinante dignidad del hombre. El Reino es justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo (Rom 14.17). En este mundo de tristeza y de dolor hay que recobrar la verdadera dimensión de los valores cristianos. Mediante el Evangelio.
Jesús experimentó lo que es el trabajo duro y mal pagado, la persecución , el huir de los poderosos, el insulto, las críticas, tratando de blasfemo y endemoniado. Tenía entrañas de misericordia y se afligía ante el sufrimiento de sus paisanos. Predicaba el Reino con alegría y entusiasmo contagiando a las muchedumbres recuperadas y llenas de esperanza e ilusión
