Está establecido que los hombres mueran una sola vez, y después el juicio (Hb 9,27).
Este texto bíblico pone a nuestra consideración dos realidades que ocurrirán en nuestra vida personal: la muerte y el juicio particular. La muerte pone fin a la vida del hombre como tiempo abierto a la aceptación o rechazo de la gracia divina manifestada en Cristo. El nuevo testamento habla del juicio principalmente en la perspectiva del encuentro final con Cristo en su segunda venida; pero también asegura reiteradamente la existencia de la retribución inmediata después de la muerte cada uno como consecuencia de sus obras y de su fe: Lc 16,22; Lc 23;43 (Catecismo de la Iglesia Católica, Nº 1021).La vida es la única oportunidad.
Cada hombre, después de morir, recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular que refiere su vida a Cristo, bien a través de una purificación, bien para entrar inmediatamente en la bienaventuranza del cielo, bien para condenarse inmediatamente para siempre (CIC, Nº 1022). Estos textos indican que tendremos un juicio sobre la aceptación o rechazo de la gracia divina según hayan sido nuestras obras y fe durante la vida, con una sentencia justa, inmediata y definitiva. Ante Cristo – Juez, Testigo y Abogado – estará expuesta con claridad absoluta toda nuestra vida. Una sentencia divina según la Justicia y la Misericordia.
En este juicio divino se originarán varias sorpresas: 1) Personas que en su ambiente eran modelos católicas, sacerdotes y religiosos y reciben una sentencia condenatoria para ir al castigo eterno en el infierno. 2)Otras personas catalogadas como de mala fama y pecadores públicos han sido salvadas y destinadas para siempre al Reino de los cielos. 3) Pero ahora pregúntate: ¿Dónde pasaré yo la eternidad?
Cuando una persona fallece, los familiares se ocupan de amortajarla, de los trámites con la funeraria, el velorio, etc. En este mismo instante se está celebrando el juicio particular del difunto, ya la suerte está echada. Antes preparare muy bien mi partida definitiva, de una manera cristiana reconciliándome con Dios con mi historia personal. No quiero una sentencia negativa para la eternidad. Prefiero asegurarme.
