UNA CONSULTA URGENTE AL CARDIÓLOGO

Los médicos recomiendan hacerse regularmente, a partir de cierta edad, un chequeo del corazón con el fin de diagnosticar si existe taquicardia, arritmia, defectos en las válvulas, etc. u otras lesiones que dañen gravemente el normal funcionamiento de una parte tan importante del organismo.

La palabra corazón significa lo mismo en el idioma hebreo y en el español: el órgano muscular que actúa como impulsor de la sangre en el organismo; en español también se refiere a todo lo relacionado con la vida efectiva. En hebreo tiene un sentido más amplio y rico, pues designa la capacidad interior del ser mediante la cual el hombre toma las decisiones y planes; es el centro y origen de su conducta, sus actos, sus deseos y pensamientos.

Esta capacidad interior posee un discernidor natural llamado conciencia moral.  La conciencia moral es un juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la cualidad moral de un acto concreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho. En todo lo que dice o hace, el hombre está obligado a seguir fielmente lo que sabe que es justo y recto. Mediante el dictamen de su conciencia el hombre percibe y reconoce las prescripciones de la ley divina (Catecismo de la IC 1778).

Jesús enseñando a sus discípulos sobre la doctrina de lo puro y lo impuro le dijo:  Lo que sale de la boca viene de dentro del corazón y eso es lo que contamina al hombre. Porque del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias. Eso es lo que contamina al hombre (Mt 15, 18- 20a). El pecado nace en el corazón, en lo que más interior del hombre. Jesús define la esencia del pecado; lo que mancha al hombre es la injusticia contra los derechos del prójimo, lo que separa al hombre de Dios.

Por otro lado Jesús nos enseña a acoger la palabra de Dios con un corazón abierto (Lc 8,15), a amar a Dios con todo el corazón (Mt 22.37), a perdonar desde la hondura del corazón (Mt 18,35), la bienaventuranza de la limpieza del corazón promete ver a Dios (Mt 5,8); Jesús se presenta como manso y humilde de corazón (Mt 11, 29), Jesús otorga esta pureza a sus discípulos (Mt 9,2 :26,28), Jesús al hablar con los discípulos de Emaús siente como ardían sus corazones(Lc24, 32)

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