CRISTO ACTUO COMO UN HOMBRE CUALQUIERA

San Pablo, estando encarcelado, su carta a los cristianos de Filipos (Grecia), colonia con ciudadanía romana, escribió el gran himno cristológico considerado una joya teológica, posiblemente lo utilizaron las comunidades cristianas de la primitiva Iglesia en el culto para adorar a Jesucristo. El texto reza así (Flp 2, 6-11).

Cristo, a pesar de condición divina, no hizo alarde de ser igual a Dios. Al contrario, se vació de sí mismo y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió un nombre superior a todo nombre, de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame Jesucristo es Señor!, para gloria de Dios Padre.

San Pablo desarrolla la conexión entre dos aspectos que se dan en Cristo: la humillación y la exaltación. Cristo, o Ungido, posee la naturaleza divina con todos. los atributos propios (inmutabilidad, infinitud, eternidad, creador, omnipresencia, inmensidad, omnipotencia, omnisciencia, omnibenevolencia, señor, etc.). Sin dejar de ser igual a Dios, al encarnarse en la naturaleza humana asume todas las características de esta naturaleza sin distinguirse de otro hombre. Se convierte en un judío normal y corriente, sin ninguna particularidad externa distinta: nace, llora, se alimenta, crece, siente dolor, hambre, sed, cansancio y sueño, tiene miedo, sufre tentaciones, se compadece de la gente pobre y marginada, se enferma, se somete totalmente a las condiciones sociales de su época, tiene que aprender y trabajar, etc.

La fiel obediencia de Jesús a su Padre lo lleva a actuar como un hombre cualquiera y a morir crucificado como un esclavo del imperio romano. Muere su naturaleza humana, pero no su naturaleza y persona divinas que son inmortales. Su pasión y muerte se convierten para el en la máxima humillación, pero Dios por la resurrección lo exaltó, lo glorificó dándole el nombre de Señor, que significa su ser o esencia propia de la naturaleza divina no perdida al asumir la naturaleza humana. Así la pasión, muerte y resurrección de Cristo tienen carácter redentor o salvífico para que toda persona que crea verdaderamente en el obtenga gratis la vida eterna feliz.

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