El 16 de julio de 1969 despegó de cabo Kennedy (Florida), USA, hacia la Luna el cohete Apolo 11 tripulado por los astronautas Armstrong, Buzzo y Collin. Durante el vuelo de 384.389 km de distancia de la Tierra hasta la Luna, Armstrong – el primer hombre que pisó la Luna, el 21 de julio – recitó este texto biblico:
¡Yahvé, Señor nuestro, qué glorioso es tu nombre en toda la tierra! Tú asientas tu majestad sobre los cielos. Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que creaste, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano para que te cuides de él? (Sal 8, 2, 4- 5).
El salmista, el rey David, al contemplar la majestad de la sabiduría divina en las obras de la creación, se pregunta qué es el hombre para que Dios se acuerde y cuide de él. La misma Sagrada Escritura nos da la respuesta:
1.- Y dijo Dios: Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra y manden en los peces…en las aves…en las bestias y alimañas terrestres y en todas las sierpes… henchid la tierra y sometedla (Gn 1, 26-28). Sopló sobre él la vida. Moisés destaca la dignidad del hombre, por encima del resto de la creación, al ser imagen y semejanza de Dios por poseer inteligencia, voluntad, sabiduría, el habla, capaz de amar y someter la creación, aptitudes, conciencia.
2.- El mismo salmo trata de la dignidad del hombre: Apenas inferior a un dios le hiciste, coronándole de gloria y de esplendor; le hiciste señor de las obras de tus manos, todo fue puesto por ti bajo sus pies (Sal 8, 6-7).
3.- A todos los que recibieron la Palabra les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre (Jn 1,12). San Juan evangelista pone al hombre en la cumbre de su dignidad: poder convertirse en hijo adoptivo de Dios.
4.- San Pablo se refiere al cuerpo humano: El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y no os pertenecéis? (1 Cor 6, 12-13; 15, 19-20). El cuerpo es templo del Espíritu Santo.
