Dios es uno solo, es decir, tiene una sola naturaleza divina integrada por tres personas distintas que somos: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Dios desde toda la eternidad decidió crear de la nada a los ángeles, el universo, el micromundo y la humanidad. De los millones de ángeles creados, varios millones al mando del Maligno se rebelaron queriendo ser como Dios y fueron sentenciados al castigo eterno. El Malo existe y tienta a los hombres a desobedecer a Dios.
Cuando Dios creo al ser humano- macho y hembra – lo hizo a imagen y semejanza suya dándole poder sobre la creación, los bendijo para que sean fecundos, se multipliquen y llenen la tierra. Vio Dios cuanto había hecho y todo estaba muy bien; dio por concluida la obra creadora y ceso en el día séptimo, lo bendijo y lo santifico. Dios proyecto crear inmortal al hombre.
Dios puso al hombre en el jardín del Edén y le impuso este mandamiento: De cualquier árbol del jardín puedes comer, más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, por que el día que comieres de él, morirás sin remedio. Dios se reservó para si esta ciencia. El hombre y la mujer trasgredieron gravemente la soberanía de Dios y así entro en el mundo el pecado y la muerte.
La humanidad se alejó de Dios por la idolatría, guerras, crímenes, etc. Entonces Dios entablo una fuerte relación con un hombre de fe con el que pacto crear un pueblo que sería de su propiedad mediante el cual salvaría a los creyentes. Este pueblo mantuvo esperanza mediante la Ley, jueces, reyes y profetas durante muchos siglos. Dios amó tanto al mundo que envió a su Hijo para salvarlo y dar vida eterna a los que creyeran en él y obedecieran el plan de salvación.
El Hijo, por obra del Espíritu Santo, se hizo hombre de nombre Jesús, en todo igual a los demás hombres menos en el pecado, anuncio la conversión y el Evangelio a los hombres. Fue crucificado y resucito al tercer día; con estos sucesos Dios perdona los pecados a los que creen en él y viven el mensaje de salvación anunciando por Jesús y les concede la vida eterna en el cielo nuevo y una tierra nueva. El Espíritu Santo vino a los que creyeron en Jesús y surgió la Iglesia, la comunidad de fe por medio de la cual Dios realiza su plan de salvación eterna.
