La vida es un breve viaje por la tierra. Dios nos llama en cualquier momento a su presencia y hay que estar preparados. La vida no es propiedad personal del que la tiene, es propiedad de Dios que nos la presta por un tiempo. En el momento de la muerte se la devolvemos. La muerte es el momento del pitazo final del partido. No hay otra oportunidad. La vida es la única oportunidad que tenemos para jugarnos la eternidad feliz o desgraciada. Tratar de la muerte es desagradable, pero necesario.
Es un asunto que todo creyente tiene que plantearse con seriedad y objetividad, sin soslayarlo. En esta partida (Flp 1,23) que es la muerte, el alma se separa del cuerpo. Se reunirá con su cuerpo el día de la resurrección de los muertos (Catecismo de la Iglesia Católica, Nº 1005). Frente a la muerte, el enigma de la condición humana alcanza su cumbre. En un sentido, la muerte corporal es natural, pero por la fe sabemos que realmente es el salario del pecado (Rm 6,23) (CIC Nº1006)
Cuando Julio César ordenó a su fiel ejército partir de Galia y atravesar el río Rubicón para dirigirse a Roma, a fin de sublevarse mediante una guerra civil contra Pompeyo y el Senado, pronunció la célebre frase La suerte está echada, que significa tomar una decisión grave y aceptar sus consecuencias. En la vida cristiana podemos destacar tres momentos clave: el nacimiento, la toma de conciencia del compromiso de la fe cristiana y la muerte.
Está establecido que los hombres mueran una sola vez, y después el juicio (Hb 9,27).
Vamos por la vida con una mochila donde guardamos mucha basura (el pecado). La muerte nos impide tener una segunda oportunidad; con la muerte la suerte está echada. Por eso hay que vivir sin pecado grave, o tenerlo y confesarse con el sacerdote, y morir sin pesado. Si no se encuentra un sacerdote hay que hacer un acto de contrición perfecta (Señor, pequé, te amo con todo mi corazón con toda mi alma, con toda mi fuerza). Nos jugamos la eternidad feliz o desgraciada en el momento de la muerte. Asunto decisivo en la vida eterna personal.
