Esta serpiente americana, no venenosa, mide hasta 10m, puede pesar 130 kg, es constrictora y estrangula a sus víctimas envolviéndolas con sus anillos. El hombre corre el riesgo de verse atacado por la ansiedad, el estrés y la depresión que son como una anaconda que altera gravemente la personalidad. La depresión se caracteriza por una tristeza profunda que afecta a las funciones psíquicas y ocasiona otros trastornos. Cuando e severa debe ser tratada por un profesional.
Si la depresión no es severa se puede utilizar una psicoterapia mediante la fe. Ora despacio y profunda y reiteradamente, y confía en el Señor, con versículos e salmos bíblicos seleccionados que están más abajo. El salmista también sufrió la depresión, pues es una situación humana bastante corriente. Ojalá te sea muy útil.
Señor, te estoy llamando, ven deprisa; escucha mi voz cuando te llamo (Sal 140). Señor, mis ojos están vueltos a ti, en ti me refugio, no me dejes indefenso (Sal 140). A voz en grito clamo y suplico al Señor; desahogo ante él mis afanes, expongo ante él mi angustia, mientras me va faltando el aliento. A ti grito, Señor, te digo: Tú eres mi refugio y mi heredad en el país de la vida. Atiende a mis clamores, que estoy agotado (Sal 141).
Misericordia, Señor, que desfallezco. Tengo el alma en delirio, y tú, Señor, ¿hasta cuándo? Vuélvete, Señor, libera mi alma, estoy agotado de gemir. El Señor ha escuchado mis sollozos y mi súplica, ha aceptado mi oración (Sal 6). Él será el refugio del oprimido, en los momentos de peligro. Él no olvida los gritos de los humildes. Él no olvida jamás al pobre, ni la esperanza del humilde perecerá (Sal 9). Señor, escucha mis palabras, atiende mis gemidos, haz caso a mis gritos de auxilio, Rey mío y Dios mío. A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi voz y te expongo mi causa, y me quedo aguardando. Alláname tu camino (Sal 5).
Señor, escucha mi oración; tú que eres fiel, atiende a mi súplica; tú que eres justo, escúchame. Mi aliento desfallece, mi corazón dentro de mí está yerto; tengo sed de ti como tierra reseca. Señor, que me falta el aliento. No me escondas tu rostro. Hazme escuchar tu gracia, ya que confió en ti; indícame el camino que he de seguir, pues levanto mi alma a ti; por tu clemencia, sácame de la angustia (Sal 142). Daré gloria a tu nombre porque me salvaste de abismo profundo (Sal 85)
