No te olvidas quién eres. Sabes tu nombre, apellido y algunos datos generales más, pero vives sin recordar (amnesia) que eres santo (un separado del pecado) por la gracia de Jesús otorgada por Dios Padre. No te perteneces, tu vida es prestada y formas parte, por la fe, de una gran familia que es la Iglesia. Eres un santo sin merecerlo, no te costó nada, la santidad es gratis, regalo del Espíritu Santo. Posees una gran dignidad por ser hijo de Dios Padre y hermano de Jesús.
El Espíritu te rodea por dentro y por fuera, es como el aire de la atmósfera que no se ve, pero que no se puede vivir sin respirar el aire, sin Espíritu. Alégrate de vivir la santidad regalada, de la dignidad que te inunda de arriba abajo. No te olvides que eres un don, un regalo viviente, una lámpara encendida alumbrando las tinieblas que existen en el ambiente social en el que vives tan lleno de sombras y oscuridad a veces tan atractivas. No se obtiene por nuestros méritos.
El profesor de un colegio organizó para sus alumnos una visita guiada a la iglesia gótica de su ciudad. Previamente estudiaron las características del arte gótico Durante la visita el sol alumbraba las figuras de los vitrales proyectándolas sobre el piso. Un alumno, al pasar cerca de una figura humana reflejada en el piso, se fijó en el vitral y preguntó al profesor: Este hombre ¿Quién es? El profesor miró el vitral, pero como no había referencia explicativa le contestó: ¡Es un santo! El chico volvió a mirar y se quedó pensativo. Al regresar a su casa explicó a su padre todo lo que había visto durante la visita. Al final le dijo: Papá hay algo que me está impresionando. Su padre le preguntó sobre lo que le había impresionado. El hijo le contestó: Papá he visto un santo. Explícame, dijo el padre. Papá se llenó de emoción y asombro ante esta respuesta del hijo, y no dijo ni una sola palabra.
Tu luz interior proyéctala en tu vida cotidiana, haz que se vea tu claridad. Recuerda cada día con dignidad. Supera la tentación de apagar tu luz, que brille con intensa fuerza, los demás la necesitan, muchos viven en las sombras y tinieblas de muerte. Tú, como cristiano, participas de la santidad divina, forma parte de la “nación santa” y eres “templo santo” que te exige la ruptura con el pecado y la vida pagana. Vive según la santidad que te da Dios. La santidad que no es un reto ficticio, es participar en la pasión y muerte de Cristo y llegar a su resurrección.
