Soy dueño de mi cuerpo y hago lo que quiero con él; así manifiestas tu criterio y así puede ser tu comportamiento. Una persona que puede tener criterios morales equivocados a causa de una conciencia moral falsa o para justificar un comportamiento inmoral. Además, hoy día hay personas que tienen la misma opinión que tú fundados en una conciencia moral deformada, en un ateísmo práctico, una libertad moral desordenada o libertinaje, una amoralidad, la carencia de una sana moral crítica, etc. Que no tienen nada que ver con el cristianismo. Si eres creyente, pongo a tu consideración algunos textos de la Sagrada Escritura que contrastan con tu criterio.
Y dijo Dios: Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en las serpientes que serpean por la tierra. Creó, pues, Dios el ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Y los bendijo Dios (Gn 1, 26-28).Entonces Yahveh Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida y resultó el hombre un ser viviente (Gn 2,7). Estos dos textos nos transmiten estas verdades: el ser humano fue creado por Dios y, por tanto, como autor de su creación y de la vida es el propietario único del mismo; además declara la gran dignidad del ser humano por ser imagen y semejanza de Dios. Toda acción contra la vida y la dignidad del hombre es una traición y ofensa contra la voluntad de Dios. La grandeza de la dignidad humana es inimaginable.
San Pablo habla con claridad: El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis? ¡Habéis sido bien comprados¡ Glorificad, por tanto a Dios con vuestro cuerpo(1Cor, 6, 12-13; 15,19-20). El contenido del texto trata de la asombrosa sublimidad del cuerpo humano conectada inseparablemente de Cristo, el Espíritu Santo y con el Padre de tal manera que el cuerpo no nos pertenece a nosotros, sino a Dios que es el único propietario. Esta es la extraordinaria visión del cuerpo humano desde la perspectiva del Evangelio. El cuerpo no debe considerarse un juguete y merece todo el respeto desde la concepción del mismo; absolutamente inviolable en todo sentido, por encima de toda agresión personal, social, física, legal, etc. Pablo nos exhorta a glorificar a Dios con nuestro cuerpo.
El proyecto del reino de Dios proclamado por Jesús no excluye al cuerpo humano, es más lo engrandece dando al hombre la posibilidad de convertirse en hijo adoptivo de Dios, pues a todos los que recibieron la Palabra (el Hijo de Dios) les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre (Jn 1, 9 y 12). Los que por la fe aceptan a Jesús en la vida se encuentran ante la enorme sorpresa de convertirse en hijos de Dios. Aceptar a Jesús es ponerlo en el centro de la vida, por encima de los padres, del cónyuge, de los hijos, del dinero, del cuerpo, etc. Dios no acepta absolutamente ninguna competencia en su proyecto de salvación.
El creyente cristiano, en este ambiente relativista de la sociedad, se halla con una enorme variedad de opiniones y criterios desconcertantes y engañosos. Necesita poseer una gran seguridad en su vida de fe para no dejarse conducir por el camino ancho y fácil de la degradación moral. Oirá cada día una serie de dichos como: el pecado no existe, lo hace todo el mundo, no seas anticuado, no seas retrógrado, solo se vive una vez, vive a tu manera, para cuatro días que vamos a vivir, hay que disfrutar de la libertad, no seas tonto, no pasa nada, ya eres mayor de edad, no seas tan moralista, estas educado a la antigua, etc. El ambiente es pesado, agresivo y tóxico, pero hay que vivir firmes y seguros en los principios fundamentales de Dios.
