Así dices, “pero creo en Jesús”, añades con seguridad para justificar tu falta de fe en la Iglesia. Evidentemente que la Iglesia no es un coro de ángeles. Pero el mismo Jesús de Nazaret en el Evangelio, cuestiona toda ingenua seguridad religiosa; se enfrenta radical y críticamente al hombre que trata de permanecer en vanas actitudes de fe carentes de una sana autocrítica y objetividad con la intención de justificarse.
Corres el peligro de engañarte al identificar la Iglesia solo en papa, los obispos, sacerdotes y religiosos. Ábrete a la visión del conjunto de personas que forma la familia de Dios, construida por el pueblo sencillo que vive con confianza en Dios de la historia y de la salvación en medio de las dificultades y crisis de cada día.
La iglesia, como todo ser humano, tiene sus debilidades, errores y pecados exactamente igual que tú, pero los seguidores de Jesús tratan de vivir la justicia, la misericordia, la paz y el perdón. No es fácil seguir fiel a Jesús, pero lo intentan. Encontrarás miseria y ambiciones en la Iglesia, también las hay fuera de ella No es perfecta. Escritores cristianos de la primitiva Iglesia se atrevieron a llamarla prostituta por su infidelidad y pecados, pero también santa por
la presencia en ella de la gracia del Espíritu de Jesús.
Jesús fue el primero que creyó en Pedro, la roca sobre la que se fundamenta la Iglesia. Dijo a Simón: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las fuerzas del Mal no prevalecerán contra ella. Jesús pues, también creyó y sigue creyendo en la comunidad de sus seguidores, la Iglesia. Jesús confía hoy en su comunidad. La fe es la luz que nos hace ver lo invisible del misterio. Si alguien niega el misterio de la Iglesia, se excluye, si, del proyecto de salvación ofrecido por Dios.
Entramos en el terreno de lo incomprensible y sorprendente de Jesús. Escoge la debilidad de los hombres para construir el gran proyecto de Dios en orden a la salvación eterna: el Reino de Dios. Este Reino no lo construye Dios sin la cooperación del hombre. Dios no lo impone a la fuerza, espera el protagonismo y la libertad del ser humano en un proyecto común. Dios te desafía a adoptar una opción clara de la fe comprometida.
Para tu reflexión personal, te facilito dos hermosos y profundos textos que corresponden a un escrito, resumido y adaptado, del beato Isaac, abad del monasterio de Stella: 1) Hay dos cosas que corresponden exclusivamente a Dios: el honor de recibir la confesión y el poder de perdonar los pecados….El Señor se unió a una Iglesia insignificante y débil,… Jesús comunicó todos sus bienes a la Iglesia a la que unió consigo y el Padre… En la oración que hizo el Hijo el Padre dice: Quiero, Padre, que, así como tú estás en mí y yo en ti, sean también ellos una cosa en nosotros.
2) Jesús participa en la debilidad de la Iglesia y todo resulta común entre Jesús y la Iglesia, incluso el honor de recibir la confesión y el poder de perdonar los pecados. La Iglesia nada puede perdonar sin Cristo, y Cristo no quiere perdonar sin la Iglesia. La Iglesia solamente puede perdonar al que se arrepiente, es decir, aquel a quien Cristo ha tocado ya con su gracia. Y Cristo no quiere perdonar ninguna clase de pecados a quien desprecia a la Iglesia. … No te empeñes, pues, en separar la cabeza del cuerpo, no impidas la acción del Cristo total, pues ni Cristo esta entero sin la Iglesia ni la Iglesia está íntegra sin Cristo. El Cristo total e íntegro lo forman la cabeza y el cuerpo. (Sermón 11: Patrología Latina 194, 1728-1729)
